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Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

El 11 de mayo, Luis Videgaray recibió la notificación de que fue inhabilitado para ejercer un cargo público, de carácter federal, en los siguientes 10 años.

La Secretaría de la Función Pública (SFP) encontró inconsistencias en sus declaraciones patrimoniales en tres años consecutivos, los que fungió como Secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores.

Resulta que no consignó el monto de dos tarjetas de crédito, porque no tenían deuda, aunque en la Función Pública insisten en que el tema es de cuentas bancarias. Una tontería que se resolverá en favor del ex titular de la SRE en los tribunales, a los que ya anunció que acudirá. El tema, sin embargo, es más de fondo.

Estamos ante el ocaso de una de las figuras más relevantes del entorno del entonces presidente Peña Nieto y es factible que sea tan solo el inicio de problemas mucho mayores y entre ellos los que se desprenderán, tarde o temprano, de las indagatorias de la Fiscalía General de la República (FGR) en su contra.

Para su mala fortuna, los resultados de la elección del pasado domingo tampoco le ayudan, porque los priistas que ganaron posiciones ya no le deben nada a personajes como el propio Videgaray quien, como su jefe, decidieron alejarse de la política y así desocuparse de lo que estaba ocurriendo en México.

Creo que ese es uno de los errores más graves de los priistas que ocuparon los más altos cargos en el sexenio pasado, quienes abandonaron la plaza antes de tiempo y se acorralaron ellos mismos. Es probable que algunos lo hicieran porque saben que no saldrían bien librados de una investigación, pero la mayoría por un mal cálculo.

Si alguna vez existió un pacto con López Obrador, que en teoría garantizaba la tranquilidad de los peñistas, ahora es inoperante porque las condiciones y  las preocupaciones son ya otras.

En todo caso, no hubo quien protegiera al ex secretario y ex coordinador de la campaña de los priistas en 2012.

Para colmo, estamos a semanas de que se realice, en agosto, la bizarra consulta sobre el juicio al pasado, la que no tendrá vinculación legal alguna, pero de la que pueden desprenderse una buena cuota de investigaciones, consignaciones y, para ser más claros, venganzas.

Videgaray puede convertirse en una pieza de sacrificio. Sus compañeros de partido no sudarán  ni una gota, para defenderlo  y  el impacto mediático puede resultar atractivo para la propia FGR, que ya intentó apresarlo, hace unos meses,  por el inverosímil delito de traición a la patria.

Por lo pronto, el ahora señalado por la SFP como responsable de diversas omisiones, anunció que “no litigará en los medios”. Lo harán sus adversarios, así suele ser esto. 

Son las vueltas de la vida y de la política, donde los intereses son los que definen las rutas a tomar y donde ello puede implicar que las seguridades de antaño no sean sino un vago recuerdo.