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Periodismo Independiente

Tonton Macoutes: los sicarios del presidente

Marcaje Personal

Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

François Duvalier, Papa Doc, entendió dos cosas que lo mantuvieron en el poder durante décadas: necesitaba una milicia armada a su servicio, los Tonton Macoutes, y requería que las grandes mayorías de la población permanecieran en la miseria y la ignorancia. Cumplió ambas metas y con un grado de refinamiento que tienen, aún ahora, hundido a Haití con poca esperanza para salir adelante en el corto y aún en el mediano plazo.

Duvalier llegó al poder en 1957 y prolongó su presidencia, con diversos cambios constitucionales, hasta 1971, cuando murió, pero dejó amarrado que el sucesor fuera su hijo, Jean Claude Duvalier.

Los Tonton Macoutes son uno de los grupos paramilitares más siniestros de la historia. Entrenados en artes marciales, manejo de armas y técnicas de tortura, tenían afilados los sentidos de la lealtad hacia el jefe y los más puros instintos salvajes.

Patrullaban Puerto Príncipe como espectros vengativos, eran corruptos y tenían esa arrogancia ciega de quienes desconfían de todo y acaban por no conocer nada.

Eran voluntarios, trabajan por el gusto de hacerlo para proteger a Duvalier, pero como no percibían un salario, tenían la autorización de hacerse de recursos por medio de la extorsión, el secuestro y todas las variables del crimen.

De ahí provienen muchos de los problemas de Haití y de sus dificultades para contar con fuerzas de seguridad confiables y ajenas a los circuitos delincuenciales.

En alguna medida, los años oscuros, los de Papa Doc,  lo fueron por su combate inapelable a la inteligencia, a los intelectuales y en particular a los que consideraban comunistas.

Leer en Haití era subversivo y no se jugaba con eso, por ello las torturas, ejecuciones y desapariciones forzada.  

Duvalier, que era un zorro de la política, supo aprovechar el miedo del gobierno de los Estados Unidos a lo que estaba ocurriendo en Cuba a partir de 1959 y vendió la idea de que era el hombre indicado y en el puesto indicado, para evitar la expansión de los comunistas en El Caribe.

Jonh Kennedy no se tragó ese cuento, pero su asesinato impidió que La Casa Blanca le retirara el apoyo. Es más, una de las pocas veces que Papa Doc brindó con champagne fue justo aquella tarde en que le dispararon, en Dallas, Texas, al presidente de los Estados Unidos.