CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Viernes Lúdico


Roberto Mendoza

@SoyRoMendoza

The Crown es una serie basada en hechos históricos sobre el reinado de Isabel II de Inglaterra, la primera temporada inicia un poco antes de su casamiento y de que su padre el Rey Jorge VI muriera. La historia va avanzando en el tiempo entre los retos de un país que se va recomponiendo por el impacto de la segunda guerra mundial, las luchas silenciosas de la guerra fría y la llegada de la ultraderecha liberal, aunque se lea a contradicción, encabezada por Margaret Thatcher.

Por cierto que iguales se sienten los planteamisntos de Thatcher y el actual presidente de México…Claro, porque los dos aseguran, son liberales, aunque parezcan conservadores.

Obviamente la parte del descubrimiento de los personajes de la monarquía británica es lo más exitoso de la serie, la reina parece que es una persona distante con todos los humanos, incluyendo sus hijos, pero no con los caballos, la princesa Margarita era una desmadrosa y sufría por el amor verdadero. Carlos es un snob que nunca pudo ser ni fuerte como su padre, ni refinado como su mamá y su tía, la princesa Diana quería amar a Carlos, pero se enfrenta a inseguridad de su marido y a su amante; quería ser aceptada por su suegra y su familia política, pero se tenía que conformar con el amor de todo el mundo.

Las cuatro temporadas de la serie son un triunfo técnico y de producción, tienen un guión impecable, la fotografía es una maravilla, la coherencia de la serie es magnífica. Tanto que el ministro de cultura de Gran Bretaña ha pedido que se le diga a los que miran la serie que es una obra de ficción, porque a lo mejor piensa que los británicos jóvenes son unos tontos y se van a confundir y crean que la serie es la pura verdad y no una obra para entretener.

Es la censura ante la idea de que hay que cuidar la institución de la corona para preservar la mágia de la historia oficial. ¿Se imagina una serie parecida en México? La historia del PRI, por ejemplo, a través de los años, se podría llamar “El Partido”.  El presidente le dedicaría mañaneras a esa serie para corregir lo que, en su opinión, estuviera mal y la flamante secretaria de cultura crearía un chat “Desactivando El Partido”. La seria podría ser resiliente, holistica y en una de esas, hasta empática.