CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Democracia Sin Fronteras

Enrique Andrade, ex consejero del INE

@e_andradeg

Una característica importante  que tienen las democracias sanas es que se desconocen los resultados antes del día de la elección, si bien las encuestas son una fotografía del momento que en algunos casos se aproximan al resultado,  la verdad es que en las ultimas elecciones se ha demostrado que no son una herramienta infalible de predicción, los ciudadanos no dicen por quien votarán en realidad y el numero de indecisos normalmente tiende a ser el fiel de la balanza que determina a las y los ganadores de los cargos públicos.

 Esta característica en las elecciones con pandemia se suma a dos factores que no pueden medirse objetivamente; la participación ciudadana que es desconocida y variable y lo cerrado que se pueda advertir la contienda. En las recientes elecciones de Estados Unidos la participación fue mayor a la que se había pronosticado 66.7% debido a que el resultado se percibía muy cerrado como lo fue en estados claves como Florida, Texas, Georgia y Pensilvania y los ciudadanos sabían que cada voto podía ser definitivo. Lo que quedó claro también, es que existe una sociedad dividida, entre el proyecto racista de Trump y el progresista de Biden.

Una elección reciente que nos muestra otra fotografía social fue la del pasado fin de semana en Chile, en donde se eligieron a los representantes ante el Congreso Constituyente, tres son las conclusiones: una baja participación, cercana al 43%, un desencanto hacia los partidos políticos tradicionales, los de izquierda obtienen un 33.2% y los de la derecha gobernante 20.6 %, un mayor apoyo a los candidatos sin partido 47%, que tendrán mayoría. Finalmente, una sociedad dividida.

Otro caso de sociedad dividida lo muestran las elecciones departamentales de Bolivia de abril de este año; hubo una participación ciudadana alta debido a que el voto es obligatorio, el partido de Evo Morales MAS (Movimiento al Socialismo) y los partidos opositores compitieron principalmente por 9 gubernaturas; tres fueron para el MAS y las otras 6 se repartieron entre los partidos de oposición. Las tres elecciones que se han referido fueron observadas por la OEA y la conclusión es que se trata de democracias sanas, la gente confía en los sistemas electorales a pesar del desencanto ciudadano. 

Las próximas elecciones de México serán una fotografía social nueva, seguramente distinta a 2018, hay millones de nuevos votantes jóvenes y también faltarán los miles que se fueron por la pandemia. No serán las elecciones de la esperanza ya que estas no son elecciones presidenciales, ahora son elecciones más de premio o castigo a los gobiernos, tanto nacional como locales, en el tema de la Cámara de Diputados lo normal es que el partido del presidente pierda algunas posiciones, así sucedió en 2009 y 2015, ya que gobernar tiene sus costos y más en este caso, cuando hubo pandemia, crisis económica, abandono de programas sociales y muertes en el Metro.

Que tengamos una observación importante de la OEA es una buena noticia ya que primero demuestra que somos una democracia sana y no tenemos nada que ocultar y segundo ayudará a que el comportamiento de todos al día siguiente de la elección será democrático y con altura de miras. Lo cierto es que los ojos del mundo, pero principalmente de muchas inversiones estarán esperando el informe de la OEA para tomar decisiones, ese día lo que podemos predecir es que nadie ganará todo ni perderá todo y también que los resultados demostrarán que somos una sociedad dividida, pero que confía en el sistema electoral.