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Periodismo Independiente

#VIDEO Pasaportes de salud para conciertos; las apuestas para reactivar la industria de la música en vivo

Andanzas

Karina Coss

@_Kaarrina

Co-fundadora @ThinkOfFinland

La cancelación del Coachella por segundo año consecutivo nos restregó una vez más el poder arrasador de la pandemia contra uno de los tantos ámbitos a los que ha golpeado sin piedad: el del entretenimiento y la música en vivo.

En abril del año pasado, este festival se pospuso para octubre y en octubre, sin más opciones, se anunció la cancelación de su edición 2020. Las esperanzas para su realización en abril del 2021 se apagaron con el anuncio de suspensión por parte de sus organizadores y autoridades de Riverside, California, quienes aludieron como motivos, las obvias condiciones de salud pública.

En tanto se confirma si será una cancelación definitiva para el año que corre, otro gigante entre los festivales musicales llegó con su propia mala noticia, el británico Glastonbury no se podrá llevar a cabo este 2021 y sí, también por culpa del coronavirus.

Si bien con la luz verde a las vacunas y su distribución alrededor del mundo se vislumbraba un panorama optimista para este verano, algunos miembros de la industria empezaron a bajar los brazos ante las inminentes pérdidas millonarias que significa posponer una y otra vez eventos de esta magnitud.

El ayuno de música en vivo al que hemos sido sometidos quienes disfrutamos de ir de concierto en concierto se ha tenido que suavizar con decenas de shows online por los que pagamos boletos digitales para ver desde una pantalla, en el encierro, a las bandas que también, a pesar de sus esfuerzos, lucen, a la distancia, apagados, por tocar ante potentes pero frías cámaras y para audiencias invisibles.

No hemos tenido más opción que imaginarnos desde el aislamiento la atmósfera inimitable de un imponente escenario con tus músicos favoritos sudando sobre él y haciéndonos mover la cabeza y los brazos con el torbellino de sensaciones que nacen en nuestro pecho, esas emociones echadas a andar por la ejecución en vivo de nuestras canciones preferidas.

La posposición, suspensión y cancelación de conciertos y festivales en todos los rincones del globo, son síntomas lamentables de la terapia intensiva en la que se encuentra la industria y los millones de personas que se dedican a ella, desde las bandas que se han visto orillados a vender mascarillas con sus logos, hasta los despidos de personal por la falta de flujo capital.

Pero de terapia intensiva se sale, vivo o muerto.

Festivales como el alemán Wacken Open Air, han hablado de su búsqueda de “soluciones creativas” para que sea menos el tiempo que tenga que esperar su público metalero para correr de escenario a escenario desparramando cerveza o aguantando como fans from hell horas y horas en las primeras filas.

Y es que, por primera vez en 30 años, este evento masivo que agota sus entradas en cuestión de minutos y que reúne a los más emblemáticos representantes del rock y el metal en un mismo espacio, dejó con ganas a sus más de 75 mil asistentes. Hoy, sus creadores hablan de posibilidades de realización en el corto plazo, confían en la vacunación masiva y la aplicación de pruebas rápidas.

Todavía con signos vitales y en medio de la desesperación, surge, paradójicamente, la esperanza. En Gran Bretaña, por ejemplo, un equipo de profesionales de la tecnología desarrolla una aplicación que permitiría expedir un “pasaporte de salud” para que los asistentes a conciertos comprueben su estado al comprar una entrada.

La aplicación se convertiría a su vez en una base de datos y rastreo, como el Koronavilkku, otra app para teléfonos móviles desarrollada en Finlandia en la que los usuarios registran anónimamente si son portadores de síntomas o del propio virus para advertir mediante la tecnología celular el riesgo de infección de acuerdo a los lugares que visitas.

Por ahora, promotores culturales británicos planean probar esta herramienta para marzo en recintos donde se permitirían los eventos al 25 por ciento de su capacidad.

¿Tenemos licencia ya para soñarnos de nuevo haciendo headbanging? Bueno, no todos somos Nueva Zelanda, donde ya alistan para esta primavera un evento de 100 mil personas al aire libre, no, todavía estamos lejos, en todos los sentidos, de ese país en donde se registran actualmente tres casos de coronavirus por día, y el número de infecciones no ha rebasado las dos mil 500.

Sin embargo, tenemos derecho a aspirar a la “nueva normalidad concertera” y depositar nuestras ilusiones en el potencial de la tecnología como elemento clave en el engranaje de esa gran maquinaria que tendrá que accionarse para contribuir a la reapertura de las salas de conciertos.

Por supuesto, nada de esto será posible sin el compromiso individual de cuidarnos. Así que no se olviden de guardar por ahora la distancia, que ya habrá tiempo de bailar juntos en el moshpit y de lavarnos las manitas tan seguido como si fuéramos a esos baños portátiles de festival, si lo queremos es volverlas a elevar con cuernos incluidos y al ritmo de nuestro show favorito.

En el video, la banda ucraniana Jinjer en el Wacken Open Air 2019 

Fotografia: twitter.