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Periodismo Independiente

Medicinas, el robo del siglo

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Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

Los grupos  distribuidores de productos farmacéuticos  no gozan de mucha simpatía y la verdad es que se ganan que esto ocurra. Este lunes la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofese) sancionó a Casa MazamCasa Saba, Farmacias NacionalNadro Almacén de Drogas, con una multa de 903 millones de pesos por realizar prácticas monopólicas, alterar los precios y restringir la colocación de medicinas a voluntad, para obtener mayores ganancias. También se multó a la Asociación de Distribuidores de Productos Farmacéuticos de la República Mexicana.

Las indagatorias se refieren a hechos ocurridos, sobre todo, entre 2006 y 2016.

Son unos ladrones, por supuesto, pero lo más grave es que vulneraron el derecho de las personas a la salud. Ahora sabemos que aumentaban los precios a voluntad, pero lo hacían de forma escalonada para que los consumidores no se percataran.

También limitaron las posibilidades de descuentos, imponiendo límites a esta práctica, de modo por demás arbitrario.

Presionaban a comercios minoristas para el pago de créditos negado y restringiendo productos, en acciones que afectaban a los sectores de menores ingresos.

Impidieron que se distribuyeran medicamentos los días festivos y los de descanso obligatorio, para manipular al mercado y generar condiciones de desabasto. 

La Cofese calcula que el daño que causaron con estas prácticas fue de alrededor de los 2 mil 359 millones de pesos.

Esto es algo abstracto. Pensemos en las penurias de quienes buscan medicamentos y no los encuentran o son muy caros. Son disyuntivas muchas veces de vida o muerte.

Resulta que muchas de estas situaciones eran orquestadas por un grupo de 21 empleados de alto nivel de las farmacéuticas mencionadas y que 10 de ellos fueron inhabilitados para ejercer puestos directos en los próximos años.

Tiene una parte escalofriante que cometieran semejantes tropelías a cambio de mayores dividendos, ya que tenían que saber lo que ponían en riesgo. ¿A cuántas personas habrán dañado? Es difícil saberlo, pero inquietante imaginarlo.

El presidente López Obrador debería agradecer a la Cofese. Ahí sí hicieron el trabajo que no han hecho ni en la Secretaría de Hacienda ni en la Fiscalía General de la República, para indagar y castigar prácticas de corrupción.

Es una muestra de que los órganos autónomos funcionan y dan resultados, apegados a la legalidad y con profesionalismo.

Ahora vivimos una situación de gran desabasto de medicamentos, pero provocado por el propio gobierno, que decidió desplazar a todos los integrantes de la cadena que hace posible la llegada de las medicinas a las farmacias y a los hospitales, pero sin tener una estructura para sustituirlos. Algo así como quitar los tabiques de un segundo piso, en un edificio de cuatro niveles.  

Las consecuencias están a la vista. Sin embargo, conviene valorar el resolutivo de la Cofese, porque indica que los alegatos sobre malas prácticas tienen sustento, pero que para atajarlos hay que hacerlo con inteligencia y cuidando los bienes más importantes, en este caso la salud de los ciudadanos y sus familias.