CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Maradona: la arrogancia y la magia

Julián Andrade

@jandradej

@ElBastiondeP

El futbol es un planeta y Diego Armando Maradona lo demostró en su vida y ahora con el impacto de su muerte. El anuncio de que murió conmocionó porque El Pibe de Oro es algo más que un símbolo, es una definición, una caracterización.

Maradona tuvo una de las carreras futbolísticas más impactantes y reveladoras. Muy joven, a los 16 años, era ya un astro que tenía una intuición afinada, un mapa en la cabeza del terreno de juego y una resolución sorpresiva y contundente.  

En segundos podía cambiar la historia, el sentido del tiempo para él era solo en la medida de la oportunidad, de aprovechar esas rendijas que al final distinguen entre los buenos jugadores y los verdaderos genios.

Es extraño ese talento mágico que algunos tienen con el balón y que lo pueden traducir en el juego de un conjunto, porque no hay posibilidades de éxito si no son acompañadas del equipo, la individualidad tiene  fronteras. Un ejemplo muy claro de ello, además de Maradona, es otro argentino, Leonel Messi, un portento que no suele aclimatarse a la camiseta de la selección argentina, pero que tiene tatuado en la piel al Barcelona.

Maradona tuvo la arrogancia de nunca pasar desapercibido. En las canchas esto resultó un privilegio, pero fuera de ellas se transformó, en no pocas ocasiones, en una desgracia.

Quizá no podía ser de otra forma, ya que ser uno de los jugadores de futbol más grande de todos los tiempos, tiene un alto costo personal, porque el embrujo no es eterno y las facturas que pasa hay que pagarlas de modo riguroso.

En México en 1986 lo vimos en todo su esplendor, en la plenitud de sus facultades y en el cinismo, inclusive, como en aquel gol con la mano en contra de la selección de Inglaterra, en un relato que sería mentira si no fuera justamente por el número 10 de Argentina.

En nuestro país, estoy convencido, Argentina y Brasil suelen jugar de local. Es mucha la historia en nuestros estadios y es la que deja huellas permanentes cuando se alza la copa de un campeonato mundial.

Es verdad, el prodigio de Maradona existe más allá de las fronteras, pero conviene mantener el recuerdo, el privilegio de lo que ocurrió en nuestros estadios.

Se fue un grande, un gigante que abonó a esa maravilla que es el futbol, que lo sigue siendo.