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Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

Los efectos de la llegada de los talibanes a Kabul y el control que ya ejercen sobre el resto de Afganistán son como una onda expansiva en el mundo. Hay muchas interrogantes sobre lo que puede ocurrir y algunas respuestas son inquietantes.

¿Qué ocurrirá con Al Qaeda? En 2001 la organización terrorista contaba con la protección de los talibanes. Las montañas afganas servían de centro de refugio y adiestramiento.

Los atentado terroristas en Nueva York y la destrucción de las Torres Gemelas fueron planeadas desde ese ahí por Osama Bin Laden.  

Los lazos de los talibanes con Al Qaeda son profundos, pero no se sabe en este momento qué tanto y hasta dónde quieran accionar una relación que puede ser también complicada para la estabilidad afgana.

Michel Rubin, ex funcionario del Pentágono, señaló que hay que ver a los Talibanes y Al Qaeda como hermanos, como una especie de primos y no como ejércitos que cortan sus lazos.

Los hechos, sin embargo, no auguran nada bueno. Por ejemplo, la liberación de los presos en la cárcel de Pul-E-Charki, significó, también, que algunos personajes de la organización terrorista estén ya circulando.

Bernard Baujolet, quien fue embajador de Francia en Afganistán cree que hay que considerar un escenario distinto, donde los talibanes no estarían en condiciones de respaldar ofensivas terroristas. Eso se lo dijo a BFMTV.

Los talibanes, por lo pronto, han aprendido en estas últimas dos décadas y están desplegando un plan de seducción. Afirman que nadie será perseguido y que se garantizarán los derechos de los mujeres. Trabajan para que se les reconozca en el plano internacional, ganan tiempo.

Aprovechan las culpas de las grandes potencias y les colocan una coartada atractiva, para que se olviden de Afganistán y vuelva el reino de la oscuridad. Quienes saben que esto es un cuento, son los miles y miles de afganos que intentan abandonar su país y, sobre todo, los que colaboraron de algún mondo con los ejércitos occidentales que permanecieron ahí a lo largo de los últimos años.

Intérpretes, cocineros, choferes, que estaban adscritos a las embajadas y que ahora corren peligro. Ni que decir de los que impulsaron cambios en su propia sociedad o los que proporcionaron información sobre la barbarie de los talibanes.

Por ello, otro factor de riesgo es la llegada de refugiados a Europa y a Estados Unidos o inclusive a México, aunque en menor medida, donde se pueden colar integrantes de organizaciones terroristas, como ocurrió durante la crisis en Siria hace algunos años.

Las fuerzas de seguridad y de inteligencia tendrán que hacer un trabajo muy fino, para no comprometer a los que  tienen el derecho de buscar refugio y lo necesitan.

Pero hay un temor profundo, una dimensión simbólica, que se desprende de las posibilidades de que terroristas solitarios actúen por su cuenta y sin liga alguna con las organizaciones que se encuentran bajo vigilancia.

El triunfo talibán puede ser visto como una señal para redoblar esfuerzos, para catapultar una lucha larga contra todos los demonios de occidente y, de modo particular, contra las libertades democráticas.

foto: twitter