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Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

El predio La Bartolina, en Matamoros, Tamaulipas,  es una especie de entrada al infierno. Ahí se han encontrado, de acuerdo con el colectivo Madres Unidas por Nuestros Hijos, 725 kilos de restos humanos.

El lugar fue descubierto por elementos del Ejército en abril de 2016, pero las autoridades no han hecho mucho por explorarlo a cabalidad. El terreno es de 600 m2 y no se ha buscado en más de 20 m2.

Es más, en aquella ocasión el Grupo de Coordinación Tamaulipas, que se encargaba de la seguridad y que estaba integrado por elementos locales y federales, señaló que solo encontraron un tambo con capacidad de 200 litros en el que había cenizas y restos óseos.

Las investigaciones señalan que en ese lugar existió un campo de exterminio utilizado por el Cártel del Golfo entre 2009 y 20016.  Siete años, por lo menos, en el que los bandidos torturaban, asesinaban y luego calcinaban a sus víctimas para que entraran en las largas listas de desaparecidos.

¿Cómo fue posible tanta barbarie? Es evidente que por el perfil criminal de los grupos que han mantenido el control en el estado, pero la académica Guadalupe Correa, quien es experta en el tema y en particular en sus aspectos tamaulipecos, ha planteado que se tiene que explorar también la posibilidad de acciones de corte paramilitar.

En todo caso, la líneas de investigación señalan ya la persistencia de toda una maquinaría para matar y para esconder cadáveres. Es un relato de espanto, porque remite a episodios oscuros de la historia y revela que hay mucho por descubrir y que no será agradable.

Para colmo, no parecen existir inicios de que la situación haya mejorado, al grado de que la Unión de Madres Buscadoras de Tamaulipas  solicitaron, hace uno días, una tregua a Los Ciclones, brazo del CDG para poder buscar en La Bartolina.  

Otro grupo que mujeres que buscan a sus familiares, las Madres Unidas por Nuestros Hijos, se deslindaron de la petición, pero lo hicieron porque están convencidas de los llamados a los criminales solo aumenta las condiciones de inseguridad.

Saben de lo que hablan, porque tan solo en las últimas semanas se asesinó a Aranza Ramos Gurrola en Sonora y a José Nicanor Araiza en Zacatecas.  Es decir, hay grupos delictivos que están amenazando y matando para que se detengan las búsquedas de personas desaparecidas.

En la Bartolina, “donde pises, hay una muela, una cervical, una costilla, una mandíbula; encuentras cuerpos enteros”, le dijo la activista María al periodista de Elefante Blanco, Carlos Manuel Juárez.