CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Nery Anaya Monroy

Twitter: @NeryAnaya

Espacio creado por su servidora Nery Anaya, con toda la intención de que muchas personas crean que “calladita me veo más bonita”, pero como decimos en estos días “calladita no me veo” y mejor me hago leer, aunque luego me arrepienta de lo que ya grité. La verdad es que soy una reportera fugitiva, hoy intento de columnista, pues me cansé de cubrir temas sin importancia por varios años y renunciar a vivir, y cuando decidí dedicarme a temas que me gustaban más como el periodismo cultural y la crítica cinematográfica, las condiciones laborales como la paga se volvieron un conflicto existencial entre el hacer cosas que realmente me apasionaban o ganar bien y gozar de esas cosas maravillosas que se llaman “sueldo fijo, prestaciones y trabajo formal”. Al igual que casi el 85 por ciento de los mexicanos, profesionistas y no profesionistas, tuve que decidir entre hacer lo que me gusta o ganar plata. ¿Por qué? Me pregunto yo. ¿De verdad tiene que ser así?

Pues no, porque después de 15 años ininterrumpidos de ejercicio periodístico, renuncié al brazo opresor del sistema laboral tradicional y me dediqué a explorar otros mundos, buscando la utopía del trabajo ideal y lo conseguí. Así que llegó a ustedes, no sólo porque me invito una gran amiga que conozco casi desde el inicio de mi carrera y fundadora de este medio, Lau Arana, sino también por puro gusto, por amor a la escritura, porque me encanta la gente, el ser humano y creo que tengo mucho que contarles, y la palabra escrita siempre será una de las más bonitas maneras de llegar a las personas.

Sólo por esta ocasión que nos estamos conociendo, y porque la primera impresión es la que cuenta, no trataré de cuestionarte, de sacudirte la cabeza con ideas impensables, ni de provocar a tu consciencia, que es lo que pretenderé hacer con esta columna. Sólo por hoy, pues lo considero justo y correcto, y porque estos nuevos tiempos de pandemia lo apremian, dedicaré mi reencuentro con las letras a los causantes de “casi todo”.

Aunque con el paso del tiempo verán que no soy una pulcra escritora, mucho menos sensata, sino más bien algo locuaz. En algún tiempo de mi vida creí que podría dedicarme a la escritura gracias a mi querida maestra que en la universidad me convenció de que podía hacerlo. Por ello, exploré esa posibilidad y aunque fracasé, la nota, la crítica y mi breve pero intenso paso por la prensa de espectáculos y el Hilife, dieron siempre resultados fructíferos, no sólo porque honradamente viví muy bien 15 años de la carrera de la comunicación sino porque también aunado a la parrandera vida del reportero de una ciudad como el ­­antes  DeeFectuoso hoy CDMX, pues también me dejó muchas, muchísimas buenas experiencias, aventuras y un titipuchal de historias que contarles.

Recuerdo muy bien las palabras de Josefina Estrada (Señas particularesDesde que Dios amanece, entre otros libros): “Escribes bien, tienes buenas historias, le falta un poco pulir pero eso sí, mijita, con esa pésima redacción y ortografía nadie te va a contratar”. Recuerdo haber debatido al respecto sobre que el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, en su libro Vivir para contarla, hablaba de que su redacción y ortografía siempre han sido pésimos, que hasta sus correctores de estilo llegaron a pensar que era un bromista sin remedio y que “a final de cuentas para eso había correctores de estilo”, a lo que ella me respondió, “claro, pero tú no eres un Premio Nobel, así que mejor aprende a escribir bien”.

Así fue como llegue al taller de Redacción sin Dolor, del recientemente fallecido poeta, escritor, mentor, ciclista, socio y amigo mío, Sandro Cohen. Hoy que inicio una nueva aventura en el mundo de la palabra escrita, y que regreso a ese origen de mi carrera, no podía dejar pasar de largo su nombre y su enseñanza, pues gracias a él, el día de hoy y hasta que ustedes lo decidan, podré comunicarme con ustedes a través de mis textos.

Esta edición uno de ¿Lo dije o lo pensé? Decidí que fuera, además de una presentación con ustedes, un breve homenaje a Sandro Cohen, pues debido al pinche COVID, todas las personas brillantes que están siendo víctimas de la enfermedad y se están yendo antes, lo están haciendo no sólo en una profunda soledad por el aislamiento, sino que además no se los puede despedir como debe ser, con los honores que merecen y pudiendo decirles adiós. Eso hace que uno sienta que hay un pendiente con esas personas. Y como lo expresé a su muerte en mis redes sociales, lo único que lamento es nunca haberle dicho gracias por enseñarme a expresar correctamente de manera escrita y con ello darme la oportunidad de trascender mi propia historia y mi propia vida. Por eso le dedico el arranque de mi columna, con un eterno agradecimiento por todas las vidas que impactó y que tocó en su prolífera vida de maestro, de escritos y como un guardián de la precisión y la correcta escritura del idioma español, y quizá también del inglés y el francés.

Y esto me lleva al otro tema, pues también quiero que este primer encuentro sea un homenaje en vida, a mi maestra Josefina Estrada, viuda de Sandro, no sólo porque ella fue quien descubrió mi talento antes que yo y, como una buena mentora, me guió no sólo a descubrirlo, sino que fue un agente importante para lograrlo, al presentarme a Sandro y aceptarme como su becaria.

Por ella, y por todas las mujeres que han sido mi guía, mi inspiración, mi soporte, mis mentoras, mis madres, mis abuelas, mis hermanas, mis socias y amigas, y por todas las que existen en el mundo que me tocó vivir, va esta columna.

Porque, gracias a que Laura Arana, creadora de este maravilloso proyecto, se empodera con la colaboración de muchas otras mujeres y hombres colegas, de distintas edades y creencias, entre todos no sólo daremos voz a las otras, damos voz a todas las minorías, a todas las diferencias que se vuelven vulnerables en este mundo convulso y pandémico, porque hoy el planeta, los niños, los animales, los desplazados, los ancianos, los desaparecidos, deben llevar sus causas más lejos y tienen que ser escuchadas, y hay muchos temas que son incómodos pero se tienen que decir, porque es tiempo de abordar los problemas desde un punto de vista más consciente y real, objetivo y, eso sí, dejando fuera los apasionamientos innecesarios, por lo que difícilmente leerán en este espacio algo de política, de fútbol y de religión.

Ahí de la pronta legalización, hablamos luego.