CITA TEXTUAL

PERIODISMO INDEPENDIENTE

¿Lo de Salamanca es terrorismo?

Marcaje Personal

Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

Lo que ocurrió en Salamanca, Guanajuato, no es un acto de terrorismo. Esto no le quita gravedad, ni mucho menos, ya que se trata de un homicidio y con todas las agravantes del caso. Dos personas murieron por el estallido de un artefacto explosivo y ello merece la condena y la solidaridad con las víctimas. 

Los que entregaron el paquete con una bomba y los que lo ordenaron, merecen el más alto de los castigos. Todo indica que el móvil del crimen es porque no se pagó una extorsión, como hace algunos años ocurrió en el Casino Royal de Monterrey, Nuevo León.

Pero el terrorismo es otra cosa, está ligado a componentes ideológicos, políticos o religiosos y, en no pocas ocasiones, a una mezcla de las tres cosas. Es violencia política extrema.

Las diferencias a veces son sutiles, ante sucesos como el de Salamanca o el de Morelia, cuando se lanzaron granadas a la población civil, pero en esa pequeña franja se definen muchas cosas, inclusive se describe la situación de países o se perfila una época determinada.

Hay ejemplos bastante claros, como los que provienen de las acciones de Al Qaeda y el Estado Islámico, los atentados de la ETA, o los ataques de las Brigadas Rojas en Italia, Sendero Luminoso en Perú o Pablo Escobar en Colombia,  por dar algunos ejemplos. En esos casos sí existía el terrorismo.

El terrorismo tiene una motivación profunda y muchas veces tétrica: Restablecer el Califato, Obtener la independencia a bombazos en supermercados, avanzar en la destrucción del estado burgués,  implantar el maoísmo, o impedir la extradición para seguir delinquiendo.

Lo de Salamanca es más simple, pero también inquietante y a la vez terrorífico: los criminales también pueden usar bombas y ya lo hicieron. ¿Lo harán más? ¿Se convertirán en una especie de narco terrorismo o de terrorismo sicario? Dependerá de lo que hagan las autoridades para contrarrestar esa lógica y, seamos honestos, es ahí donde todos nos espantamos.

El gobernador de Guanajuato, Diego Sinhue,  cree que se trató de un hecho de terrorismo. Está indignado y no le falta razón, porque las bandas criminales cruzaron una línea, una más. Para colmo lo hicieron en un estado donde las cuestiones de seguridad ya son complicadas y mucho. Sabe que no recibirá mucha ayuda y ese es un motivo más de alarma.

El problema es que la connotación de terrorismo tiene consecuencias en el ámbito legal, político e inclusive internacional. Donald Trump quería declarar a los cárteles de las drogas mexicanos como terroristas, pero ello habría implicado operativos del propio ejército de Estados Unidos para dar con ellos y pasándose por alto la soberanía y las leyes.

Lo de Salamanca, en efecto, es muy grave, porque revela la debilidad institucional en la que ya nos encontramos y que se refleja en que los criminales ya no conocen de límites y los irán cruzando en la medida en que no exista castigo y disuasión.

La bomba que estalló en Salamanca lo hizo también en los pocos espacios de tranquilidad que aún quedaban, porque no parece que exista una disposición clara, más allá del discurso coyuntural, para revertir la violencia, anclados como estamos en la estrategia absurda de los abrazos, que en el fondo es una coartada para no hacerse cargo del desastre en el que nos encontramos y ante un panorama desolador: es este el periodo más violento de la historia.