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Periodista y Escritor

Línea 12 avisa al Tren Maya

Canela Fina

Rubén Cortés, escritor y periodista

@ruben_cortes

The New York Times concluye que la Línea 12 siempre fue una obra deficiente, porque siguió un patrón de oportunismo político. Pero eso se supo siempre, desde que Ebrard la inauguró días antes de dejar el GDF, para buscar ser candidato presidencial por el PRD.

La investigación del NYT (que anula las segundas aspiraciones presidenciales de Ebrard, y hasta su permanencia como canciller) se basa en documentos oficiales, entrevistas con constructores de la obra y análisis de evidencias.

Una de las conclusiones es demoledora:

“Tomamos miles de fotos del lugar del colapso y las compartimos con reconocidos ingenieros que llegaron a la misma conclusión sobre la falla: una obra deficiente que parece seguir un patrón de oportunismo político y trabajos desordenados mientras se construía el Metro”.

Otra de las conclusiones es turbadora:

“Y la empresa constructora del empresario Carlos Slim, Carso Infraestructura y Construcción, llevó a cabo el tramo de la línea que colapsó. Era el primer proyecto ferroviario de la compañía, que allanaba el camino para otros más”.

Pero las dos conclusiones juntas hacen pensar en una de las muchas obras emblemáticas que son construidas en este gobierno, el Tren Maya, porque:

1.- Tiene indiscutiblemente un patrón político, en tanto que es una obra prioritaria en los planes personales del presidente y está prevista que quede inaugurada antes de que culmine su mandato.

2.- Una empresa de Slim construye uno de los tramos más complejos del Tren Maya, el que va de Escárcega a Calkiní, en una extensión de 172 kilómetros, a un costo de 18 millones de pesos.

Esta coincidencia tendría que llamar a una reflexión a las partes política y empresarial inmiscuidas, porque el desastre de la Linera 12 ha quedado como enseñanza insoslayable de que las prisas no ayudan, y los errores estallan, aunque sea una década después.

Ebrard inauguró la Línea 12 al desespero, 35 días antes de despedirse como Jefe de Gobierno, porque le urgía una obra faraónica. Pero enseguida su sucesor, Miguel Mancera, tuvo que cambiarle 14 mil 500 piezas: 46 piezas diarias.

En la investigación del NYT se lee que “[El Gobierno] de la ciudad presionó a los contratistas para que concluyeran el trabajo lo más pronto posible. Las empresas se arriesgaban a una multa de alrededor de 120 millones de dólares si no entregaban la obra bastante antes del fin del mandato de Ebrard”

Aunque en esto de dejar los cargos con grandes obras, responde a un gen del viejo PRI, que casi todos los políticos mexicanos tienen, al estilo de Uruchurtu con el entubamiento del Río de la Piedad, el Viaducto Miguel Alemán o el Periférico desde el Toreo hasta Cuemanco.

Sólo que nada de eso se ha caído.