CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

La otra pandemia… miedo, angustia, depresión

¿Lo dije o lo pensé?

Nery Anaya

@NeryAnaya

Y eso que siempre me tiran de a loca y no lo tomo personal, he comprendido que mi manera de ver el mundo es muy distinto al de mucha gente que me rodea, y aún así, tengo muchos amigos locos que me siguen en todo. Pero cuando yo le decía a la gente que la cuarentena no duraría 40 días, como debiese ser al usar la palabra, sino que sería noventena o centena y que  se extendería a este año… y más, muchos prefirieron no creerme y me dijeron que era muy pesimista, fatalista y exagerada. No sólo decía eso, también les decía a todos “¡prepárense!”.

Hice una lista de difusión y acerque a todos mis seres queridos, amigos, familiares, conocidos, colaboradores y compañeros a conferencias gratuitas, aplicaciones para meditar, cursos, algunos con Alfonso Ruiz Soto, semiólogo quien estuvo ofreciendo apoyo a través de YouTube para ayudar a cientos de miles de personas a enfrentar este contexto de una manera más resciliente, para ayudarle a la gente a organizar su mente, su cuerpo, su economía y su espacio para que esto fuera sucediendo de manera más tranquila, ordenada, convirtiéndola en una oportunidad de crecimiento y expansión. Pero no, señoras y señores, la gente no sólo no creía que esto duraría tanto, sino que tampoco hizo caso y no se preparó, ni para esto, ni para nada. 

Y es que no se vale que nos quedemos esperando a ver qué pasa, y aunque vemos que el barco se hunde, tampoco hacemos nada. Y así se nos va un mes, dos, tres, yo estoy cumpliendo 11 meses y una semana encerrada, créanme, aunque sí hice caso, ya me estoy cansando del aislamiento. ¿Y usted?

Y el problema es que ya lo que viene, es la otra pandemia, porque no sé si se acuerden, pero hace un par de años decían que en la próxima década, la depresión y el estrés serían las principales causas de ausentismo en el trabajo y en la escuela, y que sería considerada como la principal enfermedad que causaría incapacidad laboral. El problema es que todas esas cosas que se vaticinaban sucederían a lo largo de la próxima década, es decir del 2020 al 2030, se dejó llegar un poco antes.

Y sí, mire usted, el trabajo en casa, el e-comerce, el homeschooling, las video conferencias, las video reuniones, las video navidades y años nuevos, los video cumpleaños y hasta las ciber bodas y ciber divorcios, se adelantaron un chorro. Ese paso paulatino que apenas empezaba a vislumbrarse, se vio forzado por la pandemia y mucha gente que no pensaba entrarle pronto a todo esto o que no se sentía capaz, tuvo que hacerlo sí o sí. Algunos se tardaron y otros de plano no pudieron entrar, el caso es que todo este aceleramiento en el avance económico, laborar, profesional, académico, y sobre todo social, ha traído también sus consecuencias emocionales a los individuos.

Y cómo el problema es que los más adelantados siempre son los más inteligentes o con mejores recursos y oportunidades, hoy los grandes empresarios buscan también la manera de sacar provecho, y al ver que el empleado se ahorra tiempo de traslados y hay maneras de controlar mejor el desempeño, pues están haciendo de la condición un entorno perfecto para economizar y al mismo tiempo tener y exigir mayor productividad a sus trabajadores. Esto ha sumido a cientos de miles y mujeres en un estrés aún más asfixiante que el del entorno laboral tradicional. Teniendo en cuenta que la situación obliga a cientos de miles a aceptar condiciones laborales que en otro contexto no se aceptarían, como diminución de salarios, o ampliación de horarios. 

Tengo amigas que son empleadas, estudiantes, emprendedoras y madres, y viven el 80 por ciento de sus vidas frente a una pantalla… o dos o tres ¡claro! Porque al mismo tiempo que trabajan y le responden al jefe y a los clientes, también tienen que supervisar que el niño esté atento a su clase y haciendo lo que dice la maestra y si tienen dos o tres hijos, pues es eso X3. Esto, sin adentrarnos a las cientos de tareas y sucesos que se presentan en casa, desde las labores domésticas que se cuadriplican, hasta las desgastantes situaciones que se salen de control por la prolongada convivencia de tantas personas en entornos reducidos.

Hablo desde la perspectiva de mi género, sin dudar ni poco que los hombres también la pasan mal, y el problema es que si yo que me preparé, estudié, me organicé y aproveché, estoy sucumbiendo ante el encierro, no me imagino a la gente que no se preparó, pues lo que sigue es la segunda pandemia y esa va a durar, según los organismos de salud, económicos y sociales, más de una década, será más de una generación deprimida, a causa del retroceso económico y social que se vive ya en todo el mundo.

Hay países organizados que lo van a lograr y hay naciones enteras yendo hacia la hecatombe y aún sin vacuna. A eso súmenle que el 85 por ciento de empleadores en el mundo afirman que sus trabajos no volverán a como eran antes. La nueva normalidad permite invertir menos en costosas oficinas, servidores, tecnología. El empleado asilado en casa, paga su propio internet, llega temprano y no se distrae saliendo a fumar con el compañero y es más productivo, más monitoreable; el empleado que paga su internet tiene aún pretextos y razones para pedirle tiempos y espacios al jefe, para atender las cosas de las escuelas, o declarando mala conectividad. Pero hubo jefes más inteligentes que instalaron sistemas en las casas de los empleados para proporcionarles todo lo necesario para poder operar, y con ello los metieron bajo un absoluto control, horarios más largos y todo se monitorea. 

Y sí, tengo un ejemplo, una conocida trabaja en un banco de los de más renombre en México, y resulta que como su chamba es de alta seguridad pues hace soporte técnico a usuarios de servicios de ese banco, pues debe tener un acceso, muy controlado a ciertos datos, por ello le instalaron en casa no sólo servidores, sino que sistemas muy sofisticados de rastreo y seguridad, con el cual se sabe de que hora a qué hora está conectada trabajando, y si antes tenía un horario de 8 horas, ahora trabaja 16, porque era imposible la instalación de ese tipo de sistema en tantas casas de empleados, así que ella fue la ganadora de todo ese equipo de seguridad, pero con él de un segundo turno que cubrir, por una paga que obviamente no es el doble de lo que ganaba antes.

Hoy hablo solo del entorno laboral, pero la economía, el desempleo, la deserción escolar, el encierro, y todas estas cosas, nos están llevando a otra pandemia más grave, pues sí, así como todo se adelantó, también la tendencia a la depresión, la angustia y el estrés.

Y ¿a usted lector, cuál de todos estos males le aquejan?

¡Ay! ¿Lo dije o lo pensé?