CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

La espada destructora de demonios

Roberto Mendoza

@SoyRoMendoza

La semana pasada leí que la película Demon Slayer Kimetsu no Yaiba Mugen Train había roto la taquilla en Japón, aún en la pandemia, por encima de Titanic de James Cameron y sólo debajo de la cinta del antes Estudio Gimbli, Spirited Away que en México se conoce más como “El viaje de Chihiro”. Hoy sé que ya va rumbo a ser la más taquillera de la historia de la isla.

La película es la continuación de la serie anime Demon Slayer Kimetsu no Yaiba que significa algo así como “La Espada destructora de demonios”, es una historia, un cuento que recupera, ese Japón que nunca se ha ido, el de los demonios que están siempre latentes, el de un pueblo profundamente amable, amoroso y respetuoso; sobre todo con las figuras de autoridad ya sean los padres, los ancianos o los maestros y con los más debiles, como los niños y las mujeres. Una historia de una épica simple, pero a la vez profunda en el honor, los lazos familiares y la fuerza.

Muestra un Japón que en 2020 recurre a lo que respeta más profundamente, sus valores ancestrales, sus miedos más profundos y  la valentía de enfrentar lo desconocido con tranquilidad y convicción. 

Quizá lo único que podría criticar de este anime es que por muchos momentos es repetitivo, lento, para los stándares de Hollywood y por ratos se parece un poco a las telenovelas de las cinco, pero es la forma en la que se cuentan las historias japonesas, me recuerda a las larguísimas secuencias para anotar un gol del anime “Supercampeones”.

Siempre he pensado que, en nuestra cultura, nos falta esto que sí explotan los japoneses, personajes que no tenemos porque fueron humillados y despreciados, que nosotros mismos hemos empequeñecido y que casi se han perdido, porque nuestras leyendas se pelearon muy fuerte con la ideología católica y perdieron.

¿Dónde están nuestros Aluxes, Nahuales, Sinsimitos, chaneques y Chuenes? ¿Dónde están reflejadas nuestras bolas de fuego que se encienden en las noches por los montes? ¿Dónde nuestros héroes? Les ganaron la Llorona y el robachicos. Y hasta esos se están perdiendo.

Pareciera que tenemos pocas historias, pero somos muy ricos en leyendas y personajes locales, en héroes desconocidos. Su perdida es tristísima, a muy pocos les importa. Y no me rasgo las vestiduras diciendo que está mal ver historias de otras partes del mundo, vemos estas extranjeras porque los relatos de terror de los Oni, los kodama o los shinigami; son universales. Aquí tenemos muchas y serían un éxito, sólo falta alguien suficientemente valiente e inteligente, que se siente a escribir sobre ellas.