CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Andanzas 

Karina Coss

@_Kaarrina

@ThinkOfFinland

Este enero es uno de los más fríos de los últimos tiempos, incluso para Finlandia, un país donde se instala el invierno con sus grados bajo cero pero que, como compensación a sus implacables sensaciones térmicas, ofrece paisajes blancos contrastantes con la oscuridad de sus horas sin sol, paisajes apaciguadores en estos tiempos de caos.

Entre los “paisajes” favoritos para esas siempre necesarias búsquedas de paz se encuentra un escenario que no tiene nieve ni mucha naturaleza, es más bien un espacio artificial y simple que, dicho sea de paso, ganó un premio por su diseño arquitectónico y es muestra ejemplar del estilo finlandés en esas materias.

Permítanme contarles sobre La Capilla del Silencio.

En la zona central de Helsinki donde predomina el ruido generado por el tránsito acelerado de los peatones, se erige una construcción de tono naranja, alta, imponente, casi pareciera fuera de lugar, pues se coloca a pasos de un gran centro comercial, cerca de la estación central de trenes y al lado de algunos hoteles. 

La estructura cilíndrica hecha de madera tiene características estéticas que confirman por qué Helsinki fue en 2012 la Capital Mundial del Diseño, pero a su discreta belleza podemos adherirle el valor de su personalidad: se trata de un sitio místico, un lugar que te permite contemplar y vivir la calma, que te ofrece un abrazo con tu espíritu, con tus pensamientos.

La Capilla del Silencio nació como un proyecto que, paradójicamente, no busca profesar religión alguna. 

En su interior hay hileras de bancas de madera y una pequeña mesa al frente con apenas una discreta cruz; no se colocaron imágenes religiosas a propósito, pues se apuesta a que el visitante sea libre de orar a quién desee, si es que eso lo que busca.

Sin ventanas, en su interior la tenue iluminación basta para brindar una sensación acogedora, puede recibir a 70 personas pero no es común que haya más de 5 al mismo tiempo, sus 11 metros de altura se sienten cercanos si miras hacia arriba, si entras, puedes prender una vela, orar, meditar, platicar contigo mismo o entregarte simplemente al silencio, un ejercicio que tantas veces puede resultar ensordecedor.

La vocación “laica” de este espacio es promovida por representantes de diferentes parroquias así como por trabajadores sociales que prestan sus servicios a quienes acuden llamados por su necesidad de conectar con su espiritualidad. 

La Capilla del Silencio más que una capilla religiosa tradicional es un lugar para prestarle atención a nuestra mente y emociones, para darse la oportunidad de rendirle culto a  nuestro derecho a la calma, sin misas, sin curas, sin sermones de terceros, te sientas ahí, mirando a la nada y al todo para ser escuchado nada más que por ti mismo. 

El valor del silencio, el valor del aislamiento, la sensación inexplicable de buscarte y encontrarte. La Capilla del Silencio es más que un lugar, es un concepto, una oportunidad.