CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

¿En serio se atreven a llamarnos Generación X?

¿Lo dije o lo pensé?

Nery Anaya Monroy

@NeryAnaya

Sé que todas las generaciones han tenido sus momentos intensos y los livianos, también que creen que son las únicas a las que les ha tocado vivir cosas increíbles y transformadoras, que nos marcan como eso “generación tal”. Obvio los X no seremos la excepción, pues justo a los nacidos entre los finales de los años 60 y principios de los 80, pareciera que nos han tocado grandes transformaciones mundiales y en muy variados aspectos, empezando porque durante nuestra juventud vivimos el cambio de lo analógico a lo digital y todo lo que ello implicó hasta hoy.

Primero que nada, cabe decir que quienes tenemos hoy entre 54 y 39 años, somos llamados X porque las generaciones se fueron enumerando de acuerdo al alfabeto latino, y somos la generación antepenúltima antes de que se termine con los Z, y se inicie el alfabeto griego. Aún así, sigo terca con que a la nuestra no debieran llamarla X. 

Y es que “X” le llamamos, nosotros los X, a las cosas que no tienen la menor importancia, a cosas insulsas, tontas, que pasan desapercibidas. Y a nuestros tiempos les sobro de todo, menos sucesos sin importancia. Y como mi columna es breve, solo pondré los que personalmente considero marcaron a la generación, y sobre todo, marcaron mi vida y mi manera de percibirla. Los sucesos aparecen como los fui recordando, muchos ocurrieron a nivel local, sólo tuvieron impacto en nuestro país y no en el resto del mundo, como algunos otros que también enlistaré.

Cuando pensé en cómo iniciaban los grandes sucesos que marcaron mi consciencia y mi crecimiento, uno de los primeros en los que pensé fueron los sismos en México de 1958. Yo tenía siete años recién cumplidos y vivía en Acueducto de Guadalupe, una zona del norte de la ciudad de México, en el último piso de un edificio. Como yo iba a la primaria en la tarde, a esa hora seguíamos durmiendo mi mamá, mi hermana y yo. Éramos las únicas que nos quedábamos en casa. Nada nos pasó, solo el susto.

Por cierto, mi árbol genealógico es un lío, no traten de entenderlo ahora. En ese momento vivía con mi familia adoptiva, tres años después, en el 88, volví a vivir con mi madre biológica y más o menos desde ahí se empezó a despertar mi consciencia sobre la vida. Lo preciso porque con mi familia adoptiva yo era la niña menor de una familia de seis miembros, y vivía en un entorno protegido, cuidado y muy normal y sano, con los propios altibajos de una familia numerosa. Pero cuando volví a vivir con mi madre, a la edad de ocho años, pasaba mucho tiempo sola y en compañía de muchas personas extrañas, cambiábamos de casa como de calcetines y eso nos llevo a conocer mucha gente buena, mala y de todo. 

Por eso ligo mucho mi despertar de consciencia con mi cambio de vida a los ocho años, pero remontándonos a los primeros sucesos que marcaron mi vida y a mi generación voy a iniciar con aquello del sismo del 19 de septiembre de 1985.

No haré la crónica de lo ocurrido, de eso ya hay mucho en la red, sólo sé que con lo que vi en las calles a mis escasos siete añitos y lo que oí decir a los adultos, comprendí que en mi país había un gobierno corrupto, ladrones que se habían quedado con dinero para construir los lugres en los que murieron miles de personas. Esa fue la primera emoción negativa que tuve por una persona que no conocía, mi primer odio a un político y el descubrimiento de la palabra corrupción.

También sucedió La Perestroika, suceso con el que desapareció la Unión Soviética, a mi sólo la palabra me daba mucha risa a esa edad y cuando oía que hablaban de la caída del comunismo me imaginaba a una persona sufriendo un accidente. Confieso que me llevó varios años comprender lo que había significado ese episodio para la historia mundial.

Tres años después fueron las elecciones en México en donde “se cayó el sistema” y le robaron la elección a Cárdenas. También lo recuerdo como un suceso que interpreté a partir de las expresiones de los adultos, pero que me fueron formando un poco la que después sería mi inclinación hacia la izquierda. 

La caída del muro de Berlín la recuerdo más como un suceso musical, pues a esa edad ya empezaba a interesarme la música y gracias a un tío, mis desvariados gustos musicales inclinados hacia lo pop, se fueron corrigiendo poco a poco. Así que supe que un montón de bandas de rock se habían reunido para celebrar dicho suceso mundial. Mi tía ceceachera y activista me explicó todo el contexto. Ahí comprendí que la humanidad vivía dividida, que las guerras no sólo se daban entre países, sino que también al interior de los mismos había disputas por el poder, la economía, etc.

La próxima semana, continúa el recuento, esperemos no se sume otro suceso…

Continuará…