CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

¿En qué se van los impuestos, democráticamente hablando?

Mancha Humana


Julio Pérez de León

@Vago_Estepario

Para este año electoral, a los partidos con registro nacional y estatal, aunque sean los mismos reciben financiamiento público de la Federación y de los gobiernos estatales según sea el caso, asciende a 8 mil 340 millones 702 mil 272 pesos. Cifra similar a los recortes presupuestales en los estados de Baja California Sur, Campeche, Colima y Nayarit.

Los partidos se gastan alegremente esos recursos públicos entre actividades ordinarias y campañas, sin mayores controles que los de fiscalización realizada por el INE (esto es, como requisito principal que cumplan en tiempo y forma la entrega de reportes entre ingresos y gastos, sin importar mucho en qué y en dónde se gasten, eso ya vendrá luego), con esos recursos hay 101 mil 634 candidatos que buscan ganar una de los 20 mil 415 cargos en disputa.

No se requiere ser muy especialista en el tema político-electoral, como para darse cuenta que el grueso del contenido de las campañas es más de corte de golpeteo o campaña sucia o negra que de propuestas. Y en ese sentido, se aprecia claramente, no sin mucha sorpresa, por cierto, que mientras algunos candidatos pareciera que contrataron a guionistas del tipo Derbez, Brozo, Francisco Escamilla o Sofía Niño de Rivera, otros hacen una simple copia de los retos que se ven en la plataforma TiK Tok, y en eso, se están gastando los 8.3 mil millones de pesos.

Cierto, es divertido y no se esperaría más de aspirantes que vienen de las filas de actores de telenovelas que, como el caso de Adame su mejor golpe mediático fue que le filtraran una llamada telefónica explicando cómo se embolsaría su partido más de la mitad de los recursos públicos para el financiamiento de las campañas y un par de videítos uno amenazando a una persona con la prepotencia que le caracteriza y otra mentando madres, previa solicitud de quien lo grabó.

Pero lo peor no es el gasto de nuestros impuestos en ese variopinto y antis electo grupete de candidatos seleccionados por los partidos entre los que, además, hay payasos, luchadores (no sociales sino de esos máscara en cuadrilátero) cantantes, actrices, exmisses universo y demás fauna, lo trágico es que luego llegan para empollar la hemorroide en las cámaras y recibir “sorpresivamente” la visita de Güilson, el Dios de la Hueva (fantástica creación del caricaturista Falcón) y quedarse pelas en curules y escaños.

Todos ellos y ellas pendientes de lo que sucede en las sesiones, jugando en las tablets o celulares cortesía de sus impuestos; solo a la espera de que se les indique el momento oportuno de levantar la manita u oprimir un botón o escribir en un papelito lo que se les instruyó de antemano.

Y ahí viene el gasto mayor, pues son tres años de vida vegetativa, aunque en muchos casos caen ya veganismo, y ahora con la posibilidad de reelección pueden llegar hasta 12 años en sus cargos en el caso de legisladores y munícipes.

¿En la gloriosa reforma electoral que todos los partidos han adelantado que vendrá luego de estas elecciones, sería mucho pedir que se establecieran reglas mínimas, más allá de que sepan medio leer y escribir para ser candidato a algo?