CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Viernes Lúdico

Roberto Mendoza

@SoyRoMendoza

Debo confesar que al ver El baile de los 41 me sentí intimidado y por supuesto me descubrí homofóbico de closet de los que dicen que si tienen amigos gay y son muy tolerantes. Ver una escena de una orgía entre hombres muy bien hecha y cuidada me impactó, confieso que me sentí avergonzado por intolerante.

Una vez confesado eso, hablemos de El baile de los 41. Es una muy buena película, el guion es bueno, pero no tiene grandes aspiraciones, se centra en la austeridad de la producción que se nota en todo el desarrollo del film.

Es muy destacable el duelo actoral entre Alfonso Herrera y Emiliano Zurita que se meten en sus personajes y nos dejan ver a dos hombres enamorados, logran transmitir un amor sin barreras entre dos personas que tienen que guardar las apariencias en público, que tienen que esconderse y lo hacen bien,  no usan un cliché que parece ridículo, sino un cúmulo de situaciones que se sienten igual que en cualquier relación prohibida.

Aunado a eso está la también tremenda actuación de Mabel Cadena que transmitite ese odio contenido, esos celos que se ven trastocados porque interpreta a una mujer que no es competencia al amante de su marido, en las pocas escenas de sexo que Herrera tiene con ella, él pasa de lo violento al asco, incluso se siente que es ella quien en algún momento prácticamente intenta violarlo. Cadena logra también transmitir esa desolación de una pérdida total y al final la crueldad sarcástica de quien ha logrado su venganza.

Por supuesto el mérito es del director David Pablos que con pocos recursos logra una película con muy buen lenguaje cinematográfico, carente totalmente de CGI y efectos especiales, no hay escenas de acción, no hay nada de producción espectacular; es la muestra de que el buen cine necesita exactamente lo que tiene esta película, un buen guion, una excelente fotografía, un buen director y unos buenos actores, no se necesita nada más.

La fotografía de la brasileña Carolina Costa es fantástica, un triunfo las escenas donde se supone sólo se ilumina la escena con la luz de las velas, los paisajes campiranos fantásticos y muy bien escogidos, las escenas de amor entre los dos protagonistas muy bien cuidadas y tremendamente estéticas. 

Cómo muchas películas mexicanas, el sonido es lo peor de la película, hay veces que tuve que regresar alguna parte, por suerte la vi en Netflix, para poder entender la cinta, una muestra más del bajo presupuesto, estoy seguro que sólo se tuvo el sonido directo.

Sobresalientes todos los actores, todos muy metidos en su papel, se nota que se comprometieron con la película y que de verdad estaban divertidos, la cinta se pasa volando y por supuesto uno se queda con ganas de ver más.

El baile de los 41 invita a reflexionar, es una reivindicación de la homosexualidad como tendencia general de arte, conocimiento, fineza y distinción.  Los actores vestidos de mujer no representan escenas grotescas, ni se ridiculiza ninguna preferencia.

Sobresaliente en el guion los guiños a la corrupción del porfirismo y a la envidia humana; la envidia a la felicidad, a la suerte, a la euforia. Y el horror, el asco, la desaprobación de la sociedad a lo diferente. Como hasta hoy, lo seguimos fomentando aunque creamos que no… lo tenemos en el closet.