CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Economía y Covid-19 a la mexicana

Guadalupe Romero

@lupitaromero

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A dos años de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, como presidente de México, son innumerables las frases que describen su muy particular forma de administrar económicamente al país.

Frases que han servido lo mismo para nutrir “memes” que al vocifero de la llamada “opinión pública”, convirtiéndonos en el árbitro que todos llevamos dentro para señalar, con “el dedito”, lo mal que está la economía, las finanzas públicas, el consumo, la inflación, la producción y, ahora, la aletargada llegada de inversión y capitales.

“Yo tengo otros datos”, “…la pandemia llegó como anillo al dedo”, “…bajamos los precios de las gasolinas”, “… esta administración ha logrado la apreciación del peso contrario a lo que hicieron los neoliberales”, y “…estamos enfrentando la crisis económica provocada por la pandemia con una fórmula distinta”.

Y algunas otras más: “Ya no se da prioridad a las grandes empresas y bancos. Ahora, por el bien de todos, primero se rescata al pueblo”; “…es un timbre de orgullo poder decir que ayudamos, por medio de los programas sociales a 23 millones de familias»; “…ya pasó lo peor y ahora vamos para arriba”; “…ya se están recuperando los empleos perdidos, se está regresando poco a poco a la normalidad productiva”, y “ya estamos empezando a crecer».

Y las cerezas del pastel: «Con el aumento de las remesas que envían nuestros paisanos desde Estados Unidos a sus familiares, con los programas de bienestar y los créditos que estamos otorgando a los de abajo, la pandemia no ha desembocado en hambruna, ni en escasez de alimentos, ni en asaltos y el pueblo de México tiene recursos para su consumo básico».

«Muchas gracias a nuestros paisanos migrantes. Ahora que más se les ha necesitado es cuando más han ayudado a sus familiares en México. A pesar de la pandemia en Estados Unidos, las remesas han crecido en 10% en relación con el año pasado y estimo que van a llegar a 40 mil millones de dólares a finales de año».

Tres precisiones antes de pasar a los datos duros que permiten, con el conocimiento, hacer uso de nuestra razón para evaluar la situación. Las remesas son producto del trabajo de los mexicanos en el extranjero, nada influye la administración en turno, dependen en gran medida de la política económica de los países en donde se encuentran nuestros paisanos; en mayor número, en Estados Unidos, se han visto beneficiados por los estímulos fiscales y los apoyos económicos que el gobierno de ese país ha implementado sin elegir solo ayudar a los más pobres, a todos por igual.

La moneda mexicana, al igual que otras divisas de economías emergentes o en desarrollo como México, los bancos centrales y el mercado de capitales en el mundo, las coloca en una canasta y las pone a cotizar en conjunto, por lo que si ganan o pierden depende de ese mercado internacional y de la depreciación del dólar, como moneda dominante; nunca de la decisión o mandato del presidente en turno.

Y el precio de las gasolinas es mayor o menor también a consecuencia del mercado petrolero mundial; si el crudo se abarata la gasolina también por lógica. En México, apenas tiene un par de años que el gobierno decidió retirar el subsidio que gozaba el precio de las gasolinas y sustituirlo por un impuesto especial, el IEPS, este detalle por supuesto que influye en su costo, pero la base del precio es su comportamiento en el mundo.

Tampoco se trata de que por decreto sean más baratas, se lo aseguro.

Finalmente, y sin juzgar, ni mucho menos caer en la tentación de señalar con el dedo, cada uno tendrá la respuesta en sus bolsillos, en cómo sobreviven esta crisis que sin dejar de ser sanitaria ya se convirtió en una crisis económica sin precedentes en la historia de la humanidad, y aún sin luz al final del túnel, pero aquí los datos concretos de los dineros:

La previsión de crecimiento del país es nula. Independiente a lo que acepte el Gobierno o lo que estimen los organismos financieros nacionales e internacionales, el Banco de México ya lo publicó, se espera que el PIB 2020 caiga 8.9%.

Los empleos tampoco se recuperan, y mucho menos lleguen a satisfacer la demanda de puestos que se necesitan ante el aumento de personas económicamente activas (PEA) que se suman al año. Por el crecimiento de esta población se requieren 100 mil nuevos empleos por mes, hasta ahora, datos del INEGI al cierre de octubre, se han perdido 518,609. En junio, luego del confinamiento, se perdieron casi un millón.

Del consumo privado, lo que mueve y refleja la real situación de una economía de un país, el más reciente dato del INEGI reporta al cierre de agosto un desplome de 13 por ciento. Y ya, para dormir tranquilos, la inversión extranjera directa, el indicador de la confianza que se tiene en México y lo atractivo que puede resultar para los capitales llegar para producir y abrir fuentes de empleo, se fue al suelo… En los primeros nueve meses del año cayó 9.9 por ciento.

¿Vamos bien? ¿Se han hecho bien las cosas? Tienes los “pequeños y grandes” detalles ante tus ojos.