CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres… migrantes

Instituto para las Mujeres en la Migración, AC (IMUMI)

@imumidf

La violencia contra las mujeres es estructural, la ampara un sistema social y económico desigual y discriminatorio. No distingue edad, estatus económico, nivel educativo y mucho menos nacionalidad o estatus migratorio.

Desde hace veinte años, cada 25 de noviembre los gobiernos del mundo se pronuncian contra la violencia hacia las mujeres, los discursos condenando las agresiones contra más de la mitad de la población mundial tienen eco en todos los medios de comunicación. En los hechos esas intenciones se quedan en “palabras bonitas” a propósito de la fecha conmemorativa. Las acciones muestran una realidad diferente.

En México, al día son asesinadas 9 mujeres. En el contexto de la pandemia se han agudizado las expresiones. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, los casos de feminicidio subieron 40 por ciento. Entre enero y septiembre de 2020 se han registrado 704 feminicidios; 2,150 mujeres han sido víctimas de homicidio doloso; 43,108 de lesiones dolosas; y 163,868 por presuntos delitos de violencia familiar. El nivel de impunidad es de más del 90 por ciento. Implícitamente el mensaje es “en México se puede seguir agrediendo a las mujeres porque no hay castigo”, pero si se condenan las expresiones de quienes reclaman justicia.

En este México transitan y viven las mujeres migrantes, la diferencia es que no hay un registro público de los tipos de violencia que viven o de cuántas han sido víctimas de feminicidio, pese a que la violencia las acompaña en todos los procesos de la migración -en sus países de origen, lo que las obliga a salir; las asecha durante su viaje; y las recibe en el país de destino y a su regreso a su país. 

La mayoría de las mujeres no eligió migrar, fueron las condiciones en las que se encontraban las que las obligaron a hacerlo. Entre las principales causas están la violencia de género, la persecución y amenazas en razón de género, hacia ellas o sus familias; la pobreza; los desastres naturales, como resultado del cambio climático; la desigualdad y la discriminación. Entre enero y septiembre de 2020 se registraron 12,901 eventos de detención de mujeres (22 por ciento del total de las detenciones). En ese mismo periodo de tiempo se han deportado desde Estados Unidos a 135,807 personas, 9 por ciento son mujeres (12,518).

Desde 2007, en México existe la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en ella se tipifican seis categorías de violencia que cruzadas con los ámbitos donde se ejercen permiten conocer más el impacto en la vida de las mujeres en el país, incluidas las migrantes. A continuación describimos algunos momentos donde se ven reflejadas en la vida de las migrantes.

La violencia física es la más visible. En la mayoría de los casos es ejercida por sus parejas, ya sea en los países de origen –una de las razones que les obliga a migrar, o en los países de destino, que ante la irregularidad migratoria y el miedo de denunciar optan por el silencio.

En la migración, la violencia sexual se ha normalizado para las mujeres como un costo a pagar en su tránsito por México. Esta violencia es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto.

Por su parte, la violencia psicológica, dirigida a menoscabar la autoestima e independencia de las mujeres, se ve reflejada en las migrantes a través de las constantes intimidaciones que reciben por parte de los agentes de migración al amenazarlas con separarlas de sus familias o por sus empleadores al infundirles miedo bajo el chantaje de entregarlas a migración.

En el caso de la violencia patrimonial, en algunos casos se expresa cuando a las mujeres migrantes se les detiene sus documentos, ya sea en sus lugares de trabajo o por sus parejas. En el caso de las mujeres vinculadas a la migración, cuando su pareja es la que ha migrado muchas veces el dinero proveniente de las remesas no lo reciben directamente sino a través de un intermediario, casi siempre la familia, lo que le impide disponer de ese recurso para solventar las necesidades básicas de ellas y sus hijas e hijos. 

Respecto a las modalidades de violencia, la comunitaria es una de las principales causas de la migración de las mujeres, cuando éstas o sus familias son perseguidas y amenazadas y la violencia por parte de las pandillas locales y el crimen organizado. Mientras que en los países de destino, la discriminación y la xenofobia en la comunidad las rodea.

Una modalidad de violencia más generalizada y sutil a la vez, es la institucional. En el caso de las mujeres migrantes la viven cuando el Instituto Nacional de Migración no les facilita sus procesos de regularización migratoria bajo requisitos que son complicados de presentar dada su situación. También, cuando el personal médico les niega el derecho a la atención médica, incluso si están embarazadas, supeditándola a su estatus migratorio o documentación, ya sea por falta de sensibilización, desconocimiento o xenofobia; o cuando se les obstaculiza su inserción escolar o se les niega el registro a sus hijas e hijos por falta de un documento migratorio.

En el ámbito familiar, es ejercida, entre otras formas, a través de la coacción para que sostengan el bienestar familiar aún a la distancia. Así como la que ejercen sus parejas para que permanezcan juntos. Mientras que en lo laboral, la mayoría es ejercida por sus empleadores bajo la amenaza de entregarlas a migración, situación que daña su autoestima, salud, integridad, libertad y seguridad, e impide su desarrollo. Aunado a bajos sueldos, contrataciones precarias y en algunas ocasiones, aislamiento social.

Finalmente la feminicida, como la forma extrema de violencia contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos en los ámbitos público y privado que pueden contener impunidad social y del Estado y culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres. No obstante, no existen datos que nos ayuden a conocer cuántas mujeres en la migración han sido víctimas de este flagelo.

Hoy, nuevamente tenemos la oportunidad para exigir acciones concretas contra la violencia hacia las mujeres en nuestro país, independientemente de su nacionalidad o estatus migratorio.