CITA TEXTUAL

PERIODISMO INDEPENDIENTE

Cuando matan periodistas

Marcaje Personal

Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

Twitter: @JandradeJ @ElBastiondeP

La muerte acompaña al periodismo en México. Esto no es una descripción, sino una lamentable realidad. Tan solo en la actual administración, la de López Obrador, han muerto 50 colegas de acuerdo a un listado publicado por Etcétera.

Durante el periodo presidencial de Enrique Peña Nieto, otros 45 periodistas fueron asesinados.

En las recientes semanas murieron Manuel González Reyes, Fredy López Arévalo y Alfredo Cardoso. Una lotería macabra e imparable.

Esto es muy grave, porque implica una descomposición del panorama social y suele ser una advertencia sobre fenómenos que se pueden profundizar y expandir.

Es un problema de alcance internacional que inclusive compromete a las propias democracias, las que requieren de información y de contraste sobre la actuación de los distintos poderes.

Por ello la UNESCO tomó la iniciativa de desplegar una campaña contra la impunidad y para visibilizar los riesgos que ahora padecen los reporteros. 

México, hay que decirlo, es uno de los lugares más peligrosos para ejercer el oficio, aunque los grados de riesgo son más elevados en donde hay una fuerte presencia de la criminalidad organizada, la que suele estar coludida con los niveles de gobierno municipales e inclusive estatales.

Los motivos para matar son variados, pero en muchos de los casos los móviles se activan por lo que estaban publicando o indagado. Es decir, se trata de un claro ataque a la libertada de expresión.

Una de las explicaciones de la estela de muerte es la impunidad. En la mayoría de los casos no se atrapa a los responsables, y cuando esto ocurre en muy pocas ocasiones reciben condenas.

Los gobiernos han hecho poco por proteger a los periodistas y los mecanismos de auxilio suelen ser débiles y con poca capacidad de operación. Como en tantas cosas, las alarmas suenan cuando ya es tarde, cuando no existe remedio.

Desde hace ya varios años, los integrantes del crimen organizado se convirtieron en uno de los factores de mayor presión contra los medios de comunicación, estableciendo una ley del silencio e inclusive interviniendo en la difusión de las informaciones.

Tamaulipas es uno de los ejemplos más nítidos al respecto, donde por momentos las espirales de violencia no pudieron ser narradas, debido a los peligros que se corría al intentar hacerlo.