CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Andanzas

Karina Coss

@_Kaarrina Co-Fundadora de @ThinkOfFinland

Pensé que cerraría el 2020 sin tempestades extras. Debo decir que, por fortuna, el encierro, a mí, reportera de profesión, me cayó bien. No extrañaba salir. La pandemia le puso freno a mis pies, un alto que le hacía falta a mi cuerpo, desgastado por el ajetreo propio del ejercicio de mi oficio. Sí, aprendí a disfrutar el aislamiento. Pensaba, pensé, que este 2020 ya me había dado muchas lecciones.

Desde la última vez que vine a compartirles mis andanzas pasaron muchas cosas, celebré el cumpleaños número 5 de mi sobrino, quien comparte con su abuelo (mi padre) el día de nacimiento además de su gusto por la música de Pink Floyd. 

Mientras abrían sus regalos, reflexionaba sobre las casualidades de la vida. Celebrábamos dos cumpleaños el mismo día, 65 y 5 cumplieron, cuántas historias contadas y por contar de ese par de cumpleañeros. Celebrábamos la vida en una fiesta pandémica, encerrados y en petit comité, celebrábamos las oportunidades de seguir juntos.

Una semana después, perdí a mi abuelita.

Tenía 90 años, Jovita era una mujer frágil pero de espíritu decidido, tuve la impresión hasta el final de que si por voluntad fuera, se hubiera quedado otros 90 más. La perdimos a pocos días de la fiesta de cumpleaños a la que no pudo asistir por cuidarla del virus acechante. Mi alma no encontraba sitio para acomodarse y entender el contraste entre la algarabía de la vitalidad y la amargura de las despedidas.

Hoy recuerdo que en minutos vi en sus ojos todo lo que me faltaba entender de estos tiempos difíciles, la instrospección en la que me he embarcado desde su partida me ha sacudido en diversos niveles. Y he viajado en segundos de las sonrisas por los recuerdos más tiernos al llanto por saber que este año ya no vamos a compartir la cena de Navidad.

La útima vez que pude hablar con ella sus respuestas fueron miradas, sin ser una católica practicante atiné a cantarle en voz baja una alabanza, pensé que le arrullaba. Cuando finalmente se fue recurrí a la música, el drenaje de mis emociones, el refugio constante. Nada como la música para abrazar la tristeza en vez de evitarla.

Las emociones que puedes evocar por la vía de la música son profundas y las emociones que provoca la muerte también son intensas per se, no hay manera más efectiva para mí que ponerme en contacto con mis pérdidas abandonándome al abrazo de la música. Ya lo dijo Oscar Wilde “la música es el arte más cercano de las lágrimas y del recuerdo”.

A ella le gustaba Juan Gabriel, a mí también, las dos lamentamos cuando el cantatutor falleció. Sus canciones ahora me cuentan nuevas historias, todas tienen que ver con ella, mi abuelita. La magia de resignificar.

Y nada, apreciables lectores, las andanzas de la vida no siempre son placenteras pero sí aleccionadoras, me permito dedicarle esta reflexión a ella, Jovita, el alma que hoy tiene alas, que no se fue sin recordarme que qué es la vida si no contrastes.