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Periodismo Independiente

Canadá: el horror de los internados

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Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

Detrás de los pliegues democráticos y civilizatorios de Canadá, se esconde un historia terrible. 

En mayo pasado se encontraron restos de 215 infantes en tumbas no señalizadas en la Columbia Británica. Los rangos de edad oscilan entre los cinco y los 15 años.

¿Quiénes eran? Niños de comunidades indígenas que fueron obligados a separase de sus familias para ser internados en instituciones educativas que estuvieron, en su mayoría, bajo control de la Iglesia Católica.

A lo largo de Canadá se establecieron 140 internados que funcionaron de 1880 a 1996 con el propósito de “civilizar” a los niños, para que su herencia cultural se diluyera e integraran a la sociedad canadiense. Se calcula que al menos unos 150 mil pequeños, de origen inut y métis,  pasaron por estas instituciones.

El procedimiento era el siguiente: una mañana cualquiera llegaban los agentes del Departamento de Indígenas resguardados por policías y se llevaban a los futuros estudiantes. A veces no había tiempo ni de decir adiós a los padres y hermanos o, inclusive de acariciar a los perros. Muchos eran trasladados en trenes y recogidos en pequeños poblados. Los testimonios señalan que la mayoría lloraban y por eso bautizaron al ferrocarril como el de “las lágrimas”.

Aquello fue un desastre, como reveló la Comisión de la Verdad que en 2015 emitió el informe “Honorar la verdad, reconciliar el futuro”.

Las víctimas se cuentan por miles, pero los últimos descubrimientos han provocado una enorme efervescencia que puede servir para visibilizar, con mayor contundencia, el problema que existe respecto a las Primeras Naciones y la necesidad de hacerse cargo de un pasado bochornoso.

El ministro Justin Trudeau ha insistido en ello y tan solo hace unos días pidió al Papa Francisco que la Iglesia se haga cargo de la responsabilidad moral que tiene en el asunto.

Para tener una idea de la gravedad de lo ocurrido a lo largo de décadas, tras los muros de estas escuelas, hay que tener en cuenta que ahí ocurrieron abusos sexuales, desnutrición, malos tratos y, con triste frecuencia, la muerte temprana.

El problema de fondo consistió en la visión racista de que los pueblos nativos tenían que ajustarse a la cultura dominante y que la fórmula era borrar sus tradiciones, sometiendo a los más jóvenes.

El antropólogo Marie-Pierre Bouquet le dijo a France 24 que Canadá está enfrentado “un choque brutal con la realidad”. En efecto, pareciera un balde de agua fría hizo despertar y aquilatar lo que ocurrió porque muchos prefirieron voltear la vista.

Hay que tener presente, sin embargo, que las autoridades canadienses y amplias franjas de la sociedad están dispuestas a buscar la reconciliación, como una medida de entendimiento de la historia y de aceptación de sus consecuencias.