CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Canela Fina

Rubén Cortés, periodista y escritor

@Ruben_Cortes

Los migrantes necesitan hoy más que nunca a su antiguo protector, el cura Alejandro Solalinde, quien por un café capuchino de 30 pesos deja 50 pesos de propina. Lo necesitan, porque desde enero han hecho más de 22 mil solicitudes de asilo al gobierno mexicano.

Pero Solalinde ya no anda en las serranías donde se hizo famoso, salvando a los migrantes de la violencia del Ejército y de las mafias criminales coludidas con las autoridades. Ahora es visitante frecuente de los salones del poder en Palacio Nacional.

“Desde que el presidente llegó a la Presidencia, Solalinde ha realizado varias visitas a las oficinas del mandatario en Palacio Nacional”, informa el diario La Jornada. Y ya no denuncia al Ejército, ni a las mafias criminales coludidas con las autoridades.

La lucha por los migrantes fue su aporte de gas al motor que llevó al poder al grupo político al que pertenece, y que tiene la presidencia hoy en México.

Pero no deja de ser una lástima, porque Solalinde (aunque luchaba únicamente por la toma del poder político) sí se la jugaba.

Por ejemplo, fue gracias a su denuncia de seis secuestros de migrantes, que fue posible el histórico Informe Especial sobre secuestros de migrantes en México, de la CNDH en 2009, escrito por Mauricio Farah, bajo la presidencia de José Luis Soberanes.

Sin embargo, hoy el ex presidente Trump afirma en Fox News que “El presidente mexicano me tenía 28 mil soldados deteniendo migrantes, mientras yo construía el muro. Él entendía que yo podía aplicarle aranceles si no lo hacía. Era un buen sistema”.

Pero el cura Solalinde calla: visita Palacio, o se toma un capuchino y deja 200 por ciento de propina (en lugar del 10 por ciento que dejamos todos) como cuenta una crónica que le hizo la revista Gatopardo.

Lo perdimos, caray.

Y eso que hace apenas unas semanas se registró en Tamaulipas la espantosa matanza de 19 migrantes guatemaltecos, a manos del crimen organizado: sus cuerpos, quemados, estaban en una camioneta calcinada, en Camargo.

O que, hace unos días, cuatro policías de Quintana Roo asesinaron a una migrante salvadoreña: tirada sobre el pavimento, boca abajo, esposada, la asfixiaron con una rodilla aplastada sobre sus pulmones. Se llamaba Victoria Salazar, 36 años.

Y que, la semana pasada, un soldado del Ejército mexicano mató a balazos a un migrante guatemalteco, en un retén militar de Motozintla, en Chiapas, donde unos 15 mil militares mexicanos persiguen a los migrantes.

Oh ¡Qué escándalo no hubiera armado el cura Solalinde hace apenas dos años, por solo uno de estos casos! Hasta el Tribunal Internacional de La Haya no se habría detenido. Pero ya la revolución le hizo justicia: llegó al poder. Visita Palacio Nacional.