CITA TEXTUAL

Periodismo Independiente

Apocalípticos… escenarios políticos

Mancha Humana


Julio Pérez de León
@Vago_Estepario

La salud de los presidentes de México es según el cristal con el que se le mire: o fueron sordos o ciegos (en el mejor de los casos miopes) según sus opositores o son fuertes como el roble como los vieron sus correligionarios; lo cierto es que son de carne y hueso, aunque “inmortales” durante su mandato pese a sus achaques y enfermedades que padecieron en el sexenio.

A modo de prevención, el Constituyente de 1917, estableció las reglas que operarían en caso de falta temporal o definitiva del Jefe de Gobierno, consagrado en el Artículo 84 –con reformas en 1923, 1933 y 2012- se prevé en la reciente modificación que, si la falta ocurriere en los últimos cuatro años de la administración el Congreso o la Comisión Permanente, en su defecto, se erigirá en Colegio Electoral y nombrará a presidente sustituto quien concluirá con el mandato.

Lo anterior viene a cuento dada la condición de salud del presidente Andrés Manuel López Obrador –a quien se le desea, como a cualquier enfermo, pronta recuperación- condición sobre la que analistas locales y foráneos han generado múltiples escenarios políticos y económicos, considerando los ambos extremos de la balanza.

Como quiera que sea, el punto central no radica tanto en las especulaciones sobre la salud del Primer Mandatario, como en el terreno de la sucesión –anticipada- que se gesta con miras al 2024. Desde lo interno del partido gobernante con sus constantes jaloneos producto de una saludable (públicamente hablando por el chismorreo y show que arman) falta de disciplina en la que todos los actores jalan agua a su molino, hasta lo políticamente fatal por el debilitamiento tanto en lo partidista como ante la opinión pública.

Histórica y estoicamente entorno a la figura presidencial todo el aparato cercano se alinea, obedece y aspira a ser reconocido por el sometimiento; ante su eventual salida las piezas se reacomodarían, pero no en relación al sustituto sino a los más claramente visibles suspirantes de cargar la banda presidencial en 2024.

Bajo esa premisa, se esperaría un escenario de caos envuelto bajo la apariencia de una calma chicha, programas y planes correrían de manera inercial, pero con la rebatinga de quién o qué grupo los controla, el cambio de manos directivas desencadenaría una parálisis, al menos, de mediano plazo.

Si bien las fuerzas intestinas están afianzadas, siguen las directrices y órdenes del presidente, en caso de una eventual ausencia total del Ejecutivo, mientras la presumible sustituta toma las riendas y se posiciona, las elecciones intermedias transcurren y se requiere de una mano aglutinadora entorno a las aspiraciones de la 4T y no a la desbandada de proyecto alternos, por el bien de todos esperemos que no se llegue a tanto.