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Periodismo Independiente

Afganistán: las sobras del Estado Islámico

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Julián Andrade, escritor, periodista y fundador de El Bastión de Papel

@JandradeJ @ElBastiondeP

El general Chris Donhue, comandante de la 82 División Aerotransportada y el embajador Ross Wilson fueron los últimos en abordar el avión C-17 de la Armada de los Estados Unidos. Terminaba así, la misión de evacuación de Afganistán y toda una época.

Lo anunció, desde el Pentágono, el comandante Kenneth Mc Kenzie, quien no se entretuvo en rodeos. Hay momentos que, por su gravedad, no requieren de aspavientos, porque de todas formas la tormenta sopla y sopla.  

Los problemas, sin embargo, están lejos de terminar. Un número todavía indeterminado de ciudadanos norteamericanos no pudo llegar al aeropuerto y seguramente sus familias reclamarán hasta que puedan volver. Son los flecos de una herencia que no puede abandonarse, aunque se quiera.

Los talibanes, por su parte, celebraron la salida de las tropas de EEUU, pero ahora tienen dos desafíos muy grandes: dar viabilidad al estado afgano y someter al Estado Islámico (EI), el grupo terrorista que atacó el aeropuerto hace una semana.

En el acuerdo que los talibanes firmaron con el gobierno de Donald Trump en Qatar, se estipula que se comprometen a prohibir el acceso, en su territorio, a todo grupo terrorista o movimiento que sea una amenaza para los intereses occidentales.

No es que se espere mucho de ellos, pero es lo único que hay por el momento, inclusive para continuar con la salida de personas en riesgo y para establecer zonas de seguridad.

De acuerdo con información de los propios talibanes, la que hay que tomar con mucha cautela, en 34 provincias afganas el IE fue eliminado y solo conserva fuerza en Kabul.

La Organización de las Naciones Unidas calcula que hay alrededor de 10 mil combatientes de esa organización terrorista y que se esconden en zonas desérticas y rurales, sobre todo en Irak y en los países de Levante.

En Afganistán actúan en células pequeñas que muchas veces no establecen contacto entre ellas y que por ello son difícil de detectar. Además cuentan con redes de apoyo para financiarse que en algunas ocasiones se esconden tras fachadas humanitarias.

El jefe de la Oficina contra el Terrorismo de las Naciones Unidas, Vladimir Voronkov, advertía a principios de este año que los integrantes del EI se habían fortalecido durante los momentos más álgidos de la pandemia. No es que lo hayan planeado, sino que la situación les sirvió para reagruparse y cobrar impulso.

Son las sombras que se ciernen sobre Afganistán y sobre el mundo entero.